EL ESPÍRITU DEL MUNDO

Hoy celebramos el misterio del Espíritu Santo presente en la Iglesia y en nosotros.

En primer lugar leemos el relato bíblico de la venida del Espíritu, después de la Ascensión del Señor al cielo. El relato es verdaderamente histórico – María y los Apóstoles – , que se habían reunido, son llenos del Espíritu Santo, y a través de ellos toda la Iglesia.

El relato usa también símbolos. El Espíritu viene como fuego, significando que él quiere purificar y transformar en amor los corazones de los discípulos de Cristo.

En la segunda lectura, San Pablo explica algunos efectos del Espíritu Santo en la Iglesia.

Primero, el Espíritu es lazo de unidad: Somos un cuerpo en Cristo, aunque somos diferentes y tenemos funciones diferentes en este Cuerpo, que es la Iglesia.

Segundo, el Espíritu concede a cada miembro de la Iglesia un don o cualidad particular para el servicio del resto y para el bien común.

El Evangelio de hoy nos refiere al Espíritu Santo ofrecido por Jesús a los Apóstoles, como prenda del acontecimiento Pentecostal.

¿Cómo podríamos entender mejor al Espíritu Santo y su papel?

El Espíritu Santo, por supuesto, es Dios la tercera persona de la Trinidad, enviado al mundo por el Padre y el Hijo. Desde nuestro punto de vista, iluminados por la enseñanza de Jesús, percibimos al Espíritu Santo como Amor: el lazo de amor en la Trinidad (la Trinidad es puro amor), y el amor de Dios actuando en la humanidad.

El Espíritu Santo es el Amor hecho Persona, algo muy difícil de entender para nosotros. Por este hecho, la tercera persona divina, el Espíritu, es fuente de amor en la creación. Todo amor viene de Dios; todo amor es generado por el Espíritu Santo.

El Espíritu es enviado al mundo para que el amor sea factible. Si el Espíritu se retirara del mundo, el amor desaparecería. Si podemos amar con todas las formas de amor – es porque el Espíritu está con nosotros. El Espíritu fue enviado “por etapas” a través de la historia, alcanzando su plenitud en Pentecostés. Y aunque el Espíritu habita y actúa en cada ser humano, en todas las sociedades , culturas y religiones, después de Pentecostés tiene una presencia más especial y santificante en la Iglesia y sus miembros. Y aunque todo el mundo está bajo la gracia del Espíritu, no todo el mundo la recibe en la misma medida, y no todo el mundo es igualmente fiel al Espíritu de amor.

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